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domingo, 21 de diciembre de 2014

LA LEY DEL EFECTO INVERSO

Cuando tememos algo intensamente, cuando algo no nos gusta o nos causa dolor y sufrimiento, nuestra reacción mental más habitual es la de resistirnos. No lo aceptamos, lo apartamos, lo evitamos, nos alejamos de ello, lo negamos.
Cuando algo nos asusta hasta el punto de no soportar su presencia, la mente se niega a verlo, a reconocerlo y, entonces, hace un punto ciego. Es decir: lo reprime y lo aparta de la conciencia. Como si no estuviera ocurriendo o nunca hubiera ocurrido.
Y con esta resistencia, lo intentamos apartar de nosotros, pues lo estamos juzgando como malo.
Y con nuestro juicio dividimos el mundo: Bueno/Malo… Amigo/Enemigo… Amor/Odio… Pero el mundo de verdad no está dividido. La Realidad es Una.
Como decían los antiguos filósofos chinos, la Realidad es como un círculo, una Rueda girando sobre Sí misma, donde el Ying y el Yang representan los dos puntos equidistantes de la circunferencia.
En todo momento, el Ying se desplaza hacia el Yang, mientras que el Yang lo hace hacia el Ying.
Al resistirnos a algo, al apartarlo de nosotros evitándolo desesperadamente, lo que hacemos es desplazarnos hacia el otro lado, huir hacia el polo opuesto, ofreciendo el máximo de resistencia. Y cuanto más nos resistamos, con más atracción se irá desplazando nuestra mente hacia el otro polo.
Lo que estamos rechazando como negativo nos va atrayendo hacia él, como un poderoso imán. El “No” es la gran provocación. La invitación más irresistible.
Cuando insistimos exageradamente en evitar algo, la presencia de este “algo”, de este “evitar” se va haciendo insoportable, hasta el punto de dominar y ocupar toda nuestra atención. Al final, tan sólo pensamos en eso, o estamos dominados por aquello que estamos rechazando.
Esto sucede porque ponemos toda nuestra atención en el resultado. Es nuestro miedo a no lograr el resultado que deseamos.
Un cuento sabio Zen lo explica de la siguiente manera:
Un joven muy impaciente e impetuoso exigió, en una ocasión, a un maestro espiritual que le revelara inmediatamente el secreto de la Iluminación.
El maestro le respondió que no había ningún problema, únicamente que el joven tenía que cumplir un requisito previo, pues de lo contrario, con tan sólo oír el secreto, podría morir.
“Y te advierto que el requisito es difícil de cumplir”, le dijo el maestro.
“¡Dime de una vez de qué se trata!”, gritó el joven impaciente.
“Para poder escuchar el secreto, has de permanecer todo el día anterior sin pensar en monos”, le reveló el maestro.
“¿Sin pensar en monos?”
“¡Exacto! Durante veinticuatro horas seguidas has de evitar completamente el tener pensamientos sobre monos”, le aclaró el maestro.
“¿Pero qué tontería es esa? ¡No hay nada más fácil que lo que me pides!”, replicó el muchacho.
“¡Muy bien! Pues mañana te espero a esta misma hora. Y si has conseguido estar las veinticuatro horas sin pensar en monos, te revelaré el secreto de la iluminación”. Y se despidieron hasta el día siguiente.
Pueden imaginar lo que le ocurrió al jovenzuelo impetuoso. Tan sólo partir, comenzó a “comerse el coco”:
“¡Qué raro! ¡Pero, bueno, no hay ningún problema! ¡Yo nunca me he interesado por los monos…! ¡En mi vida me han importado un bledo los monos…! ¿Qué se me habrá perdido a mí con los monos…?” Y dale que te pego con los monos… “¿Pero que estoy haciendo? ¡Si ya estoy pensando en monos…! ¡Sin darme cuenta, no hago más que pensar en monos…! No paro de darle vueltas y más vueltas al tema de los monos! ¡Tendré que empezar de nuevo y contar veinticuatro horas a partir de este momento! ¡Y esta vez tendré más cuidado!”
Pero al siguiente instante de haberse hecho semejante propuesta, ya estaba de nuevo de vuelta con el tema de los monos…Y de nuevo volvía a intentar dejar de pensar en ellos… y de nuevo volvían a saltar en su cabeza… Más y más monos… Cada vez más monos…
Al día siguiente no acudió a la cita con el maestro. Ni al otro día tampoco… De hecho, no le quedó más remedio que convertirse en un amaestrador de monos.
Si tratas de hacer algo sin comprender los fundamentos, el resultado será justo lo contrario.
Es una Ley fundamental de la vida.
Mucha gente se esfuerza por evitar muchas cosas, intenta evitar algo con mucho esfuerzo y acaba cayendo en la misma trampa.
No puedes evitarlo.
Chocamos precisamente contra lo que luchamos con todas nuestras fuerzas, porque nuestra conciencia se centra solo en eso.
Relájate, no te esfuerces tanto, porque solo puedes hacerte conciente mediante la relajación, no con el esfuerzo. Mantente tranquilo, en calma, en silencio, porque sólo podemos lograr nuestros objetivos en la vida desde la calma, la paz interior y la serenidad. Cuando no hay paz interior, sino lucha, resistencia, aquello que deseamos lograr o aquello que deseamos evitar, persiste. Esto sucede porque ponemos nuestra atención en el resultado, tenemos miedo a no lograr el resultado.
Adopta la postura de “no lucha” contra una situación. Acepta todo lo que viene a tu vida, sin poner resistencia, simplemente aceptando, comprendiendo.
Si deseas algo, trabájalo con dedicación, pero desentiéndete de los resultados, no te obsesiones con el resultado, no pongas tu atención en el resultado sino en los pasos que realizas para lograrlo.
Realiza tu labor y olvídate del resultado. Confía en el Universo, en que todo saldrá bien. Deja que tu Poder Superior te ayude.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

COSAS QUE NECESITAS EMPEZAR A HACER POR TI MISMO


Cosas Que Necesitas Empezar A Hacer Por Ti Mismo 1. Deja de pasar tiempo con las personas equivocadas. La vida es muy corta como para gastarla junto a personas que succionan tu energía y felicidad. Si alguien te quiere en su vida, harán espacio para ti, no deberías pelear por un lugar. Nunca jamás insistas con alguien que te pasa por alto. Recuerda que los verdaderos amigos no son necesariamente aquellos que se quedan contigo en los buenos tiempos, sino los que permanecen en las peores situaciones. 2. Deja de huir de tus problemas. ¡Enfréntalos! No será fácil, nadie es capaz de salir ileso de todos los problemas. No siempre se puede salir instantáneamente de un problema cuando se presenta, no estamos hechos para eso. De hecho, lo normal es que sintamos tristeza, enojo, dolor, incertidumbre, derrota. Este es el propósito de la vida: Enfrentar los problemas, aprender de ellos, adaptarse y, finalmente, resolverlos con el paso del tiempo. Es lo que nos convierte y moldea a lo largo de la vida. 3. Deja de mentirte. Puedes mentirle a cualquiera en el mundo, pero no puedes mentirte a ti mismo. Nuestra vida mejorará sólo cuando aprovechemos las oportunidades y la primera y más difícil es ser realmente honestos con nosotros mismos. 4. No dejes tus propias necesidades para lo último. La cosa más terrible es perderse a sí mismo mientras amas a alguien más, olvidándose de lo especial que es uno mismo. Esto no significa que dejes de ayudar a otros, sino que debes ayudarte a ti mismo también. Si existe un momento para seguir tu pasión y hacer algo que te importa, ¡Ese momento es justo ahora! 5. Deja de intentar ser alguien que no eres. Uno de los grandes retos de la vida es ser uno mismo en un mundo que quiere que todos sean iguales. Siempre habrá alguien más listo, más guapo, más joven o más viejo, pero NUNCA serán TÚ. Jamás cambies para agradar a las personas; sé tú mismo y las personas correctas te amarán por ello. 6. Deja de aferrarte al pasado. No puedes comenzar un nuevo capítulo en la vida si sigues leyendo y releyendo el anterior. 7. Deja de tenerle miedo a los errores. Hacer algo y equivocarse es, al menos, diez veces más productivo que no hacer nada. Cada éxito trae una historia de fracasos detrás y cada error es un paso más cerca de la victoria. Uno termina arrepintiéndose de las cosas que no hizo más que de las cosas que hizo. 8. Deja de culparte por errores pasados. Quizá amamos a la persona equivocada y lloramos por errores cometidos, pero no importa cuántas cosas hemos hecho mal, algo es seguro: los errores nos ayudan a encontrar a la persona y a las cosas correctas para nosotros. Todos cometemos errores, tenemos problemas e incluso nos arrepentimos de cosas de nuestro pasado. Pero tú no eres tus errores, no eres tus problemas y estás aquí y AHORA con el poder de moldear tus días y tu futuro. Cada cosa que te ha pasado en la vida te está preparando para algo que aún está por venir. 9. Deja de intentar comprar la felicidad. Muchas de las cosas que deseamos son caras. Pero la verdad es que las cosas que en verdad nos satisfacen son totalmente gratis: el amor, las carcajadas y trabajar en nuestras pasiones. 10. Deja de buscar la felicidad exclusivamente en otros. Si no eres feliz con quien eres por dentro, no serás feliz en una relación de largo plazo con cualquier otra persona. Primero tienes que crear estabilidad en tu propia vida, antes de que puedas compartir la vida con alguien más. 11. Deja de ser pasivo. No pienses demasiado las cosas o crearás un problema que ni siquiera estaba ahí en primer lugar. Evalúa las situaciones y toma acciones decisivas. No puedes cambiar cuando te rehúsas a confrontar las cosas, el progreso implica riesgo, ¡Punto! No puedes llegar a segunda base si tienes un pie en la primera. 12. Deja de creer que no estás listo. Nadie se siente 100% preparado cuando una oportunidad se presenta. Es porque las oportunidades en la vida nos empujan fuera de nuestras zonas de confort, lo que significa que nunca nos sentiremos completamente cómodos en un principio. 13. Deja de envolverte en relaciones por las razones equivocadas. Las relaciones deben ser escogidas sabiamente. “Mejor sola que mal acompañada”, decía mi abuelita. No hay necesidad de apresurarse, si algo debe ser lo será a su debido tiempo, con la persona adecuada y el momento debido. Enamórate cuando estés listo, no cuando te sientas solo. 14. Deja de evitar nuevas relaciones sólo porque las pasadas no funcionaron. En tu vida te darás cuenta de que hay un propósito para cada persona que conozcas. Algunas personas te pondrán a prueba, otras te enseñarán grandes lecciones, pero lo más importante es que algunas sacarán lo mejor de ti. 15. Deja de competir contra todos. No te preocupes si a otros les va mejor que a ti, concéntrate en romper tus propios récords cada día. El éxito es una batalla entre tú y tú mismo, sólo eso. 16. Deja de lado los celos. Los celos son el arte de contar las bendiciones ajenas en vez de las propias. Pregúntate esto: “¿Qué es lo que tengo yo que todos los demás quieren?” 17. Deja de quejarte y de sentir pena de ti mismo. La vida tiene sus altibajos por una razón: para moldear tu camino en la dirección correcta para ti. Puede que no veas o entiendas todo en el momento en que sucede, eso puede ser muy duro. Pero recuerda los momentos difíciles que ya has pasado: Casi siempre nos llevan a mejores lugares, personas, estados mentales o situaciones, eventualmente. ¡Así que sonríe! Deja que todos sepan que hoy eres mucho más fuerte que ayer, y así continuarás. 18. Deja de guardar resentimiento. No vivas tu vida con odio en el corazón. Terminarás lastimándote a ti mismo más de lo que las personas que odias podrían. El perdón no es sólo decir: “Está bien lo que me hiciste”, es poder decir: “No voy a dejar que lo que me hiciste arruine mi felicidad para siempre”. El perdón es la respuesta, déjalo ir, encuentra la paz, ¡Libérate! Y recuerda, el perdón no es sólo para las demás personas, también es para ti mismo. Si debes, perdónate a ti mismo, supéralo e intenta hacerlo mejor la siguiente ocasión. 19. Deja de permitir que otros te bajen a su nivel. Niégate rotundamente a rebajar tus estándares para adaptarte a quienes se niegan a elevar los suyos. 20. Deja de desperdiciar el tiempo explicando tus razones a los demás. Tus amigos no lo necesitan y tus enemigos ni siquiera lo creerán. Sólo haz lo que tu corazón te dice que es correcto. 21. Deja de hacer las mismas cosas una y otra vez sin tomarte un descanso. El tiempo perfecto para tomarte una pausa es justo cuando no tienes tiempo para ello. Si continúas haciendo lo mismo, seguirás obteniendo los mismos resultados. Hay veces que necesitamos un descanso para ver las cosas más claramente. 22. Deja de pasar por alto la belleza de los pequeños momentos. Disfruta de las cosas pequeñas porque un día mirarás atrás y descubrirás que eran, en realidad, las cosas más grandes. La mejor parte de tu vida serán las cosas pequeñas, momentos innumerables que invertiste sonriendo a quien te interesa de verdad. 23. Deja de intentar que las cosas sean perfectas. El mundo real no recompensa a los perfeccionistas, recompensa a las personas que hacen las cosas en tiempo y forma. 24. Deja de seguir el camino más fácil. La vida no es fácil, especialmente cuando planeas realizarte en algo que vale la pena. No tomes la alternativa más fácil siempre, haz cosas extraordinarias. 25. Deja de actuar como si todo estuviera bien cuando no lo está. Está bien quebrarse de vez en cuando, no tienes que pretender ser fuerte, no hay necesidad de probarle a nadie que todo está perfectamente todo el tiempo. No debería preocuparte lo que los demás piensan. Llora si lo necesitas, es saludable dejar fluir esas lágrimas. Cuanto más pronto lo hagas, más pronto serás capaz de sonreír de nuevo, sonreír de verdad. 26. Deja de culpar a los demás de tus problemas. La capacidad de alcanzar tus sueños depende de tu capacidad de hacerte responsable de tu vida. Cuando culpas a los demás de lo que te pasa, estás rechazando esta responsabilidad: Le das poder a otros sobre una parte de tu vida. 27. Deja de hacerlo todo por todos. Eso es imposible, y solamente terminarás exhausto. Pero hacer sonreír a una persona, a esa persona especial sí puede cambiar el mundo. Quizá no el mundo entero, pero sí una parte de él: enfocarse es el secreto. 28. Deja de preocuparte demasiado. Preocuparse no le quita problemas al día de mañana, le quita felicidad al día de hoy. Una manera de saber si vale la pena preocuparse es plantearse la siguiente pregunta: “¿Importará esto dentro de un año? ¿Tres años? ¿Dentro de cinco años?” Si la respuesta es negativa, entonces no vale la pena darle más vueltas al asunto. 29. Deja de enfocarte en lo que no quieres que suceda. Mejor, enfócate en lo que sí quieres que pase. Pensar positivo es el preámbulo al éxito rotundo. Si despiertas cada mañana con el pensamiento de que algo maravilloso sucederá ese día y pones suficiente atención, descubrirás que estabas en lo correcto. 30. Deja de ser ingrato. No importa lo bien o lo mal que te ha ido, levántate de la cama agradecido por tener vida. Hay quienes, en algún lugar, luchan por ella desesperadamente. En lugar de pensar en lo que te hace falta, intenta pensar en lo que tienes y que a muchos les hace falta. En lo personal, me doy cuenta de que soy culpable de muchos de estos errores. Definitivamente una lista muy útil y que podría cambiar muchas vidas. ¡A ponerla en marcha! Fuente

domingo, 1 de junio de 2014

¿Por qué nos atraen ciertas personas y sentimos rechazo hacia otras?

Cuando estamos dispuestos a aceptar los lados luminoso y oscuro de nuestro ser, podemos empezar a curarnos y a curar nuestras relaciones.
Tú y yo somos lo mismo. Todos somos espejos de los demás y debemos aprender a vernos en el reflejo de las demás personas. A esto se llama espejo de las relaciones. Todos somos inevitablemente parte de la misma conciencia universal, pero los verdaderos avances tienen lugar cuando empezamos a reconocer esa conexión en nuestra vida cotidiana.
Las relaciones son una de las maneras más efectivas para alcanzar la unidad en la conciencia. Piensa en la red de relaciones que mantienes: padres, hijos, amigos, compañeros de trabajo, relaciones amorosas. A través del espejo de las relaciones, de cada una de ellas, descubrimos estados prolongados de conciencia.
Tanto aquellos a quienes amamos como aquellos por quienes sentimos rechazo, son espejos de nosotros. Sentimos rechazo hacia las personas que nos reflejan las características que negamos en nosotros. Si sientes una fuerte reacción negativa hacia alguien, puedes estar seguro de que tú y esa persona tenéis características en común, características que no estás dispuesto a aceptar. Si las aceptaras, no te molestarían.
Cuando reconocemos que podemos vernos en los demás, cada relación se convierte en una herramienta para evolución de nuestra conciencia.
La próxima vez que te sientas atraído por alguien, pregúntate qué te atrajo. ¿Su belleza, gracia, elegancia, autoridad, poder o inteligencia? Cualquier cosa que haya sido, sé consciente de que esa característica también florece en ti. Lo mismo se aplica a las personas hacia las que sientes rechazo.
La naturaleza esencial del Universo es la coexistencia de valores opuestos. No puedes ser valeroso si no tienes a un cobarde en tu interior; no puedes ser generoso si no tienes a un tacaño; no puedes ser virtuoso si no tienes la capacidad para actuar con maldad. Gastamos gran parte de nuestras vidas negando este lado oscuro y terminamos proyectando esas características oscuras en quienes nos rodean.
Un encuentro con una persona que no te agrada es una oportunidad para aceptar la paradoja de la coexistencia de los opuestos; de descubrir una nueva faceta de ti.
Es otro paso a favor del desarrollo de tu ser espiritual.
Todos somos multidimensionales, omnidimensionales. Todo lo que existe en algún lugar del mundo también existe en nosotros. Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, reconocemos nuestra conexión con la conciencia universal y expandimos nuestra conciencia personal.
Una vez que puedas verte en los demás, será mucho más fácil establecer contacto con ellos y, a través de esa conexión, descubrir la conciencia de la unidad.
Éste es el poder del espejo de las relaciones”
Deepak Chopra

CONTRATOS (FAMILIARES): CODIGOS QUE NOS IMPIDE SER LO QUE SOMOS


Son una especie de “códigos” que están situados en lo más profundo de nuestras mentes en forma de creencias y de todo tipo de inhibiciones que nos paralizan.
Cuenta Marianne Costa que en un momento de su vida escribió en un papel de pergamino: “soy una fracasada”. Después lo firmó con una gota de su sangre y lo enterró. En ese lugar plantó una bella flor y empezó a diseñar su realidad liberada de esa maldición. (Es un acto psicomágico, donde nos liberamos de esos códigos que recibimos de nuestra familia)
Un contrato es un acuerdo entre dos partes que se comprometen a dar algo y a recibir algo a cambio. Pero no todos los contratos están sobre papel, ni siquiera son verbalizados, ni tampoco todos están en el plano de la consciencia. Más aún, como en el caso del nombre, hay contratos que aceptamos en desigualdad de condiciones porque se “sellan” en la más tierna infancia: el niño intuye que el incumplimiento implica no ser querido, lo que significa la muerte. Nuestro cerebro más primitivo nos dicta la orden de obedecer cuando la amenaza es ser expulsado del clan.
Estos contratos pueden afectar a nuestros cuatro egos:

Ejemplos de contratos intelectuales:
Muchas de las creencias que tenemos son contratos que mantenemos con nuestro árbol genealógico, ideas que se nos han transmitido desde nuestros bisabuelos y que no podemos cuestionar. (Debemos deshacernos de cualquier creencia que no sea bella y útil)
a) “Serás abogado, como los hombres de provecho de esta familia”
(En árboles donde el artista es considerado como un muerto de hambre, que en realidad no sabe hacer nada)
b) “En esta casa se habla cristiano”
(No me salgas con querer estudiar lenguas…sólo hay que hablar una lengua: la materna)
c) “Eres torpe como tu madre”
(Una profecía que actúa como una maldición que acaba cumpliéndose)
d) “En la vida debemos dejar las cosas igual que nos las hemos encontrado”
(Señal de que el árbol se ha estancado…)
e) “Un hijo nunca debe superar a un padre”
(Una locura absoluta que se conecta con la neurosis de fracaso)
Los contratos intelectuales son como las “ideas irracionales” que describe Albert Ellis, raíces de nuestras emociones perturbadas y comportamientos desajustados. La psicogenealogía conecta con su famosa y en muchos casos efectiva RET (Terapia Racional Emotiva), en el sentido que la familia configura un esquema de creencias tóxicas que nosotros adoptamos por lealtad a ella y que se mueven en cuatro ejes fundamentales:
*Si no tienes lo que necesitas, te mueres. (“Si mi novio me deja, me muero”)
La herencia tóxica es confundir la necesidad con el deseo. Si no tienes alimento, te mueres, pero si deseas a tu novio y no lo tienes, sigues viviendo…
*Esto es horrible (“Es horrible que tenga que cancelar mis vacaciones”)
Se juzga en exceso. No hay nada categóricamente malo o bueno. Hay hechos que nos causan más o menos dolor. Si ordenamos los hechos dolorosos de 0 a 10 y en el 10 ponemos la muerte de un ser querido, ¿cómo valoraremos cancelar una vacaciones?
*No lo soporto (“No soporto la soledad”)
Hay situaciones que matan, son insoportables. Creer que algo es el límite entre la vida y la muerte nos hace sentirnos agonizantes cada vez que eso sucede. Eso lleva a preferir un desastre de relación amorosa, la soledad está prohibida por el árbol, porque es acercarse a la muerte.
*Si sucede algo malo es que hay un culpable y tiene que ser condenado. La familia nos enseña a juzgar y buscar culpables en los que descargar la responsabilidad de lo que pase, o a culparnos a nosotros mismos. Los acontecimientos no son una confluencia de factores, nada tiene una única causa. Si nos sentimos culpables de algo, la mejor medicina es una fórmula con tres elementos: la aceptación, la reparación y el aprendizaje de lo sucedido para evitar en lo posible repetir el mismo error en el futuro.
Ejemplos de contratos emocionales:
Suelen venir en formato de inhibiciones emocionales. Muy asociados a los niveles de consciencia infantiles…
a) “No crezcas”
(Si se hace mayor un día abandonará a sus padres. Esta orden lo mantendrá con una edad emocional de 10 años para el resto de su vida)
b) “Aquí somos del Madrid”
(Desde el primer mes de vida el niño es socio del club. Cuando crece no tiene alternativa, si no le gusta el fútbol o no es madridista, será considerado un traidor o un enfermo)
c) “No seas tonto y no te hagas novia”
(Quédate con la madre…ella no te defraudará)
e) La pareja es para toda la vida
(Nadie se ha divorciado jamás, en nuestra familia todos somos muy católicos)
Los contratos emocionales nos atan con fuerza al pasado y fomentan las relaciones basadas en la dependencia emocional. Disolver estos contratos es abrir al fin la puerta a la libertad de amar con un nivel de consciencia superior.
Ejemplos de contratos libidinales:
Aquí están todas las inhibiciones creativas y sexuales
a) “El teatro-la pintura-la música, son una pérdida de tiempo”
(Es como decir que no debes dedicarte a cosas que no son de provecho…)
b) “Esta relación no te conviene”
(Podríamos preguntarnos: ¿a quién no le conviene en realidad?)
c) “Te casarás a los 25 años y a los 26 llegará la única hija”
Este podría ser un contrato inconsciente que se repite de generación en generación. Un proyecto que el árbol tiene para nosotros
d)”La mujer que expresa deseo sexual es una fulana”
(Si el sexo de la mujer es sólo un instrumento de procreación, se le prohíbe gozar con su energía libidinal y a la postre de la creación y de la vida).
La prohibición de la homosexualidad y de prácticas sexuales no existentes en el repertorio del árbol, también son contratos que al incumplirlos nos bloquean la libido o nos sentimos culpables y merecedores de castigos si “nos salimos del tiesto”.
Ejemplos de contratos materiales-corporales-económicos:
Las inhibiciones económicas. Es necesario que encontremos los elementos que permitan separarnos de la violencia, del miedo y de la culpabilidad…
a) “Eres idéntico a tu abuelo”
(Y con ello uno de los linajes toma posesión del hijo)
b) “No toques los botones que los romperás”
(Cuando no te dejan tocar nada es porque no tienes espacio)
c) “El dinero es el pecado”
(Si nos hacen creer que el dinero es sucio, nos generará mucha culpabilidad ganarlo)
d) “El que arriesga pierde”, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, “Más vale malo conocido que bueno por conocer”…

(Salir del territorio es una deslealtad imperdonable y tenemos un miedo ancestral a no volver a ser admitidos en el clan).
Todo esto insta a acomodarse con una pareja que ya no aporta nada, un trabajo insatisfactorio, una casa que no es un hogar y también a una ciudad, un banco, un grupo de amigos etc. Instalados en un territorio para siempre, porque nos han enseñado que arriesgarse es perderlo todo, en lugar de impulsarnos a seguir nuestros deseos como sabio camino de transformación.
Los contratos se cumplen por lealtad, pero también por temor a las consecuencias. Digamos que hay un miedo a ser castigados, a que se cumplan esas predicciones (maldiciones): “Si te divorcias, te mirarán mal”, “si te haces artista, vivirás en la pobreza”. Un acto psicomágico para sanar este tipo de miedo al incumplimiento a lo que los padres ordenaron, consistiría en realizar metafóricamente la predicción, escenificándola delante de ellos.
Alejandro Jodorowsky nos dice en sus 10 recetas para ser feliz, “no hay alivio mas grande que comenzar a ser lo que en realidad somos. Desde la infancia nos imponen destinos ajenos. Es conveniente recordar que no estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.

Alejandro Jodorowsky
Fuente:luzarcoiris.com

sábado, 12 de abril de 2014

Toda idea es siempre dicha por alguien que al emitirla revela quién es” Nietzsche



Siempre que señalamos a alguien con el dedo, hay tres dedos señalándonos a nosotros
. Cuando criticamos a alguien y le señalamos con un dedo, los otros tres dedos señalándonos a nosotros son un indicativo de que los errores que vemos también están en nosotros. En general, no vemos nuestros propios defectos. Cuando tomamos conciencia de esos tres dedos que nos señalan, podemos reconocer el trabajo personal e interno que se requiere. Necesitamos desapegarnos de las actividades de los demás, y evitar los juicios descalificadotes. Una actitud práctica es darle mentalmente pleno permiso a la otra persona para ser exactamente como es.
Esto rompe el hábito de atraparse en el comportamiento de otros y sentirse obligado a corregirles. Nos damos cuenta de que no tenemos jurisdicción sobre nadie, exceptuando nosotros mismos.
Las 3 Rejas

El joven discípulo de un filósofo sabio lo visita y le dice: 

- Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de vos con malevolencia. 

- ¡Esperá! lo interrumpe el filósofo ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? 

- ¿Las tres rejas? 

- Si. La primera es la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que querés decirme es absolutamente cierto? 

- No. Lo oí comentar a unos vecinos. 

- Al menos lo habrás hecho pasar por le segunda reja, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir? 

- No. en realidad no. Al contrario ... 

- La última reja es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta? 

- A decir verdad, no. 

- Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepultémoslo en el olvido.
"Prodiga más respeto a los demás y a la vida entera. Quizá el mayor secreto de la autoestima consista en valorar más a los demás. La forma más fácil de hacerlo es ver en ellos la expresión de Dios. Deja de juzgar el aspecto, los éxitos y los fracasos de los demás, su posición social, su riqueza o su pobreza y prolonga la valoración y el amor a la Fuente de la que salieron. Todos somos hijos de Dios; todos. Intenta verlo incluso en quienes parecen actuar de una forma impía. Has de saber que prodigando amor y respeto puedes darle la vuelta a esa energía y dirigirla de nuevo a su Fuente en lugar de alejarla de ella. En definitiva: irradia respeto porque eso es lo que tienes que ofrecer. Irradia censura y baja energía y eso es lo que atraerás.
 Recuerda que cuando juzgas a los demás no los defines a ellos, sino que te defines a ti mismo como alguien que necesita juzgar. Lo mismo es aplicable a quienes te juzgan a ti." Cuando se dice que nuestro estado no es de amor?, cada vez que juzgas a otro ser humano no lo defines a él con tu juicio, te defines a ti mismo, como alguien que necesita juzgar, si yo te llamo borracho, eso no te convierte en un borracho, me convierte a mi en alguien que necesita etiquetar a otras personas. Sören Kierkegaard ,el gran teólogo danés dijo: "cuando me pones una etiqueta me niegas". Soy lo que elijo ser a cada momento,  no soy lo que tú piensas ni lo que yo pensaba ayer ,soy positivo, no me gusta criticar ni quejarme, disfruto la vida, gozo a cada momento ,doy gracias a los que me critican, me ayudan a saber en que estoy mal si veo que ellos tienen más resultados y éxito que yo, y en caso contrario, aprendo qué no hay que hacer para no tener el fracaso que ellos tienen, de todas maneras doy gracias por la retroalimentación que me dan las personas que me rodean.
La tendencia a juzgar a los demás también retarda su
transformación personal. Cuando usted juzga a una persona, no
la está definiendo a ella sino a usted mismo. El juicio crítico no
dice nada sobre a persona juzgada; sólo expresa que usted
necesita juzgarla de la manera en que lo está haciendo. Por
tanto, está hablando más de usted mismo que del otro.
Cuando se encuentre pensando y actuando en términos
negativos o de crítica, recuerde que eso también es un indicio
del lugar que ocupa en ese momento y del lugar que no ocupa; en
este sentido, puede significar que se está identificando de alguna
manera con la persona juzgada. Lo que más nos molesta de los
demás es algo que con frecuencia nos negamos a admitir en
nosotros mismos, o incluso algo de lo cual pedimos más. Procure
poner más interés en saber qué es lo que está provocando su
negatividad en vez de descubrir qué tiene de «malo» una
persona. Al cabo del tiempo sustituirá la negatividad y la crítica
por una afectuosa y tierna mirada interior que le preguntará cómo
se ha dejado "atrapar" por eso.
El juicio
Usted puede desprenderse del deseo de culpar a los demás y
eliminarlo de su vida para siempre. Pero lo mejor que puede
hacer con el juicio es reducir el número de los que emite. El juicio
significa ver el mundo desde su punto de vista, y no tal como ya
es. Es imposible eliminar todos los juicios porque cada
pensamiento contiene alguno. Si le comento a usted que hace un
día magnífico, estoy emitiendo un juicio. Si evaluamos a alguien
o alguna acción, también estamos emitiendo juicios. Así pues,
cabe concluir que la única forma de eliminar todos los juicios
consistiría en dejar de pensar, lo cual es absurdo.
Pero lo que sí puede hacer es reducir el número de críticas
negativas, lo cual constituye un tipo de perdón que sin duda
alguna le ayudará a mejorar su calidad de vida de un modo
considerable. Lo primero que debe recordar es que los juicios no
pueden alterar nada ni a nadie que forme parte del universo. Por
el mero hecho de que una persona le disguste, no conseguirá
que ella cambie. Y una vez más me permito recordarle que
cuando usted emite un juicio sobre alguien, lo que está haciendo
es definirse a sí mismo. Sus críticas hablan de usted. Nos
describen lo que le gusta y lo que no. No definen en absoluto a la
persona objeto del juicio, porque esa persona ya viene definida
por sus propios pensamientos y acciones. Una vez reconozca
este hecho, entonces comenzará a sustituir su tendencia a juzgar
por la aceptación y esto es lo que se conoce como perdón en
acción.
Al aceptar a los demás ya no necesita experimentar el dolor
que conlleva enjuiciarlos. Cuando alguien se comporta de una
manera que a usted le resulta desagradable, debe comprender
que su dolor, ira, temor u otra fuerte reacción no es más que la
consecuencia de lo que usted ha decidido con respecto a esa
persona. Si se siente incapaz o no está dispuesto a percatarse
de esa emoción, entonces toda la atención debe ser prestada a
su propio ser. El comportamiento de esa persona ha colisionado
con algo inacabado o irreconocido en su vida. El dolor ante el
comportamiento de dicha persona se corresponde con su
manera de evitar algo que existe en su interior. Esta distinción es
muy significativa.
Sus pensamientos sobre el comportamiento de los demás le
pertenecen. Y usted es quien lleva la carga de los resultados de
esos pensamientos. Si usted es de los que no juzgan a los que le
rodean sino que suele aceptarlos tales como son y se comportan
a lo largo de su propio camino, eliminando así la necesidad de
sentirse perturbado por alguno de ellos, entonces ha puesto en
práctica el principio del perdón. El perdón, tal como antes he
explicado, consiste en corregir nuestras concepciones erróneas.
En realidad no tiene nada que perdonar, a no ser a usted mismo
por haber emitido un juicio o culpado a alguien.
Estos tres elementos, culpar a los demás, el deseo de
venganza y la emisión de juicios constituyen hitos muy
asentados en el hombre. Se desarrollan en su cultura que se
enorgullece al culpar a sus miembros de lo que sucede y
demandar a muchos en nombre de la "justicia". Es el resultado de haber conservado en nuestra mente pensamientos de venganza
desde que éramos niños justificándolos como algo "indicado",
patriótico o sencillamente justo. Sin embargo, este
comportamiento es totalmente perjudicial e irresponsable, por no
decir que carece de iluminación. Y, naturalmente, resulta
bastante estúpido.
Cuando se halle atrapado en este tipo de comportamiento
recuerde que en último término usted es la víctima. Está
permitiendo que los que le rodean controlen su vida, y a pesar de
las muchas excusas que pueda encontrar, sigue siendo un
esclavo de los caprichos de sus semejantes. O bien en palabras
de Maslow: "No existe nada parecido a un esclavo bien
adaptado". Dicho comportamiento también le impide el
experimentar un nuevo despertar. Es imposible que pueda
adquirir el sentido del propósito al que está destinado y que viva
una vida en armonía y equilibrio si al mismo tiempo permite que
otra persona dicte sus propios pensamientos y acciones. Nunca
logrará dar con su objetivo, o vivir una existencia espiritual y
basada en el amor, si persiste en culpar a los demás, juzgarlos y
se motiva en la venganza. La iluminación requiere que usted se
responsabilice totalmente de su vida. La responsabilidad significa
responder con su habilidad o capacidad. Obviamente, esto
resulta imposible si el odio, el deseo de culpar a los demás y las
ganas de venganza le dominan.
Eche una ojeada a las vidas de las personas más admiradas
históricamente. Son las que ardieron en deseos de venganza y
provocaron las guerras, matando indiscriminadamente,
destruyendo todo lo que se interponía en su camino, siempre en
nombre de la culpa de los demás y la ira. ¿Cómo puede una
persona contribuir de forma positiva y sintonizar con la fuerza del
amor si sólo se preocupa de la venganza? De ninguna manera.
Es imposible.
En lo que respecta a los juicios sobre otras personas, enfóquelos exactamente como los niños. Los niños no conocen los prejuicios porque aceptan plenamente a cualquiera hasta que (o a menos que) las personas se muestran persistentemente desagradables con ellos. No mantienen expectativas de tipo negativo respecto a nadie y, mientras no son lo bastante mayores para que les influyan estereotipos o prejuicios y murmuraciones de gente "más madura", se limitan a aceptar todo el mundo tal como es, sin preocuparles si se trata de un blanco o un negro, de un individuo culto o inculto, de un demócrata o de un republicano, de un rico o un pobre, de alguien poderoso o de un ser desvalido, etc. Lo que les preocupa es sólo lo divertida, lo interesante y simpática y comprensiva que pueda ser la persona en el momento. No se inquietan pensando que los negros deberían ser blancos o que las mujeres no deberían "actuar como
hombres", ni ninguna otra de esas ridículas obsesiones "adultas". Confíe en sus impulsos infantiles, sea quien sea el que se cruce en su camino, y verá cómo pasa a ser una persona mucho más satisfecha y feliz.
LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación, él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas tan rápidamente como suele hacerse. Entonces los envió a cada uno, por turnos, a ver un árbol de peras que estaba a gran distancia de su casa.

En su país había estaciones, así que el primer hijo fue en invierno; el segundo en primavera; el tercero en verano y el cuarto en otoño. Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo dijo que el árbol era horrible, giboso y retorcido, parecía seco y sin vida.
El segundo dijo que no, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían flores. 
El tercer hijo no estuvo de acuerdo: él dijo que estaba cargado de flores, que emanaba un aroma muy dulce y se veía hermoso; era el árbol más lleno de gracia que jamás había visto. 
El último de los hijos tampoco estuvo de acuerdo con ninguno de ellos. Dijo que el árbol estaba cargado de peras maduras, lleno de savia y bienestar.

Como los pájaros acudían al peral para comer de los frutos que se estaban marchitando, todo a su alrededor se llenaba de un exquisito aroma. 
Entonces el padre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos sólo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona por sólo ver una de sus temporadas: 
“La esencia de lo que son los hombres, el placer, la tristeza, el regocijo y el amor que vienen con la vida sólo pueden ser medidas al final, cuando todas las estaciones hayan pasado”.