viernes, 11 de mayo de 2012

Lección 164

En las lecciones que siguen, te recuerdo que, por ahora, el Esquema de trabajo será así: Sesiones largas: Por 5 minutos como mínimo y por el mayor tiempo posible (10, 15 min. o 30 nos parecerán poco tiempo pronto) al despertar, y lo mismo por la noche, felizmente y llenos de gratitud, leamos las ideas del día y recordemos la frase o idea que las representan. Recordemos además ser fieles a la Voluntad que compartimos con Dios, y nuestra creciente paz aumentará con cada hora.
Sesiones cortas: Cada hora dediquémosle 1 minuto (aunque se te olvide, volvé a tu intención original a la hora siguiente) a recordar Su Amor y nuestra misión.

Lección 164: "Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente."
¿En qué otro momento sino ahora puede reconocerse la Verdad? El presente es el único tiempo que hay. Así, ahora podemos contemplar lo que se halla ahí eternamente, no ante nuestra visión sino ante los ojos de Cristo. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se hace cada vez más clara: una llamada ancestral a la que Cristo da una respuesta ancestral. Reconocerás tanto una como otra, porque no son sino tu propia respuesta a la llamada de tu Padre. Hoy se dejan de lado las aflicciones porque aceptando los dones que Él nos da, nos resultan claros los sonidos y las vistas de aquello que está más cerca nuestro en el mundo. Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz que llevás en tu corazón y no perdiste. Hoy recordaremos ésto. Hoy las imaginaciones se descorren cual una cortina, para revelar lo que está tras ellas, y las sombras que parecían ocultarlo se sumergen en la nada. Hoy es un día sagrado para el mundo; hoy no juzgaremos. Recibimos sólo aquello que nos llega desde más allá del mundo. Todo cuanto vemos incrementa nuestra dicha, porque su santidad refleja la nuestra.
Bendecimos al mundo al contemplarlo tal como nuestro Salvador nos contempla a nosotros.
Práctica: Descorré esta cortina, simplemente renunciando a todo lo que creés desear. Dejá un espacio limpio y despejado en tu mente, donde Cristo pueda venir a ofrecerte el tesoro de la Salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo.
No dejes que el día pase sin aceptar y aprobar los regalos que Cristo tiene reservados para vos. Si los reconocés y ACEPTÁS, podemos cambiar el mundo. Practicá con fervor, y ése será tu regalo: poder cambiar todo sufrimiento por dicha.

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